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Crisis de empleabilidad en Chile: ¿cómo se avanza en la necesidad de nuevos profesionales calificados?

No se trata sólo de escasez de mano de obra, sino de un desajuste entre la oferta educativa y las demandas reales de los sectores. Las industrias, especialmente las ligadas a la tecnología, las energías renovables, la logística 4.0 y la salud avanzada, están evolucionando a un ritmo que el sistema de formación tradicional no logra alcanzar. 

El país enfrenta retos y desafíos laborales. Por un lado, la tasa de desocupación que alcanzó el 8,4%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), con datos al trimestre agosto-octubre 2025, reflejando dificultades para la inserción o reinserción de miles de colaboradores. Por otro lado, diversos sectores productivos —en especial los ligados a la tecnología, la energía renovable, la logística 4.0 y la salud especializada— reportan una crítica escasez de talento con las habilidades específicas que el mercado actual y futuro demanda.

Ciertamente, el desempleo es una tarea pendiente, sobre todo los que tienen que ver con trabajos calificados. Con esto, tanto el Estado como las empresas requieren delinear una visión a 5 o 10 años plazo que, además de considerar inversiones, resuelva generar los nuevos profesionales que el país necesita.

“Países como Singapur y Corea del Sur invirtieron fuerte en la educación del capital humano. Por lo que hoy están preparados para las nuevas labores. Lo cierto es que en Chile, existen estadísticas y datos que están demostrando que muchas carreras ya no son rentables y existe sobreabundancia”, recalca Orellana.

En los perfiles tecnológicos, está ocurriendo un fenómeno interesante: se está apostando por carreras más cortas y baratas -comparadas con las universitarias – ya que responden de forma más ágil a las necesidades del mercado. “Desde distintas casas de estudios e institutos, nos llegan consultas relacionadas a mejorar la empleabilidad de sus estudiantes. Felizmente, Chile tiene buenos talentos, solo hay que guiarlos y prepararlos”, recalca el ejecutivo.

La acelerada transformación digital, impulsada por la pandemia y la globalización, ha creado nichos de empleo que hace una década eran inexistentes. Hoy, el mercado demanda expertos en ciberseguridad, machine learning, análisis de big data, robótica y automatización de procesos.

¿La tecnología mejora la calidad de vida?

Como en todo en la vida, hay críticos y adeptos. Lo cierto es que en la logística, particularmente en los centros de distribución, la tecnología está permitiendo mejorar la calidad de vida de las personas.

“Si uno calcula los kilogramos que levanta una persona en cajas, son toneladas diarias. Además, fácilmente pueden caminar entre 10 y 20 km. Por ende, los riesgos médicos por el daño acumulativo aumentan. A esto hay que sumarle los tiempos de desplazamiento”, menciona Orellana.

Así, hoy están proliferando proyectos de automatización tradicional y robótica con el objetivo de alzar la productividad y eficiencia, mejorando la calidad de vida de los colaboradores. “La tecnología no reemplaza, sino que destina la labor de las personas a aquellas actividades que realmente generan valor. Y todas aquellas que son repetitivas y pesadas, en manos de las máquinas”, recalca el ejecutivo.

¿Los jaguares de Latinoamérica?

La necesidad de un incremento significativo y sostenido en la productividad es un imperativo económico y social para Chile. El estancamiento o la lentitud es uno de los principales frenos al desarrollo y a la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos. Para lograr que Chile retome una senda de crecimiento robusto, el llamado es a la acción entre la academia, el gobierno y la industria.

“Es urgente crear un nuevo paradigma en Chile. Si estamos en el mismo barco, nos conviene que al país, a las empresas y al gobierno les vaya bien. El país no puede perder competitividad, ya que si no lo hacemos nosotros, lo hará el país vecino. Si queremos volver a ser los jaguares, tenemos que hacer las cosas de manera distinta. Y esto implica reformular la manera en que estamos formando a los profesionales”, desliza Orellana.

La productividad no es solo un indicador económico; es la llave para generar mejores salarios, aumentar la competitividad internacional y financiar demandas en áreas como salud, pensiones y educación. “Abordar esta crisis de empleabilidad requiere un esfuerzo coordinado entre el gobierno, el sector privado y las instituciones de educación superior y técnica. Es imperativo actualizar las mallas curriculares, fomentar la reconversión laboral (o reskilling) y la mejora de habilidades (upskilling) en los trabajadores ya activos, y promover la formación técnica profesional”, sentencia el ejecutivo.

De no hacerlo, el país corre el riesgo de frenar su desarrollo económico al no contar con los profesionales idóneos para impulsar la próxima etapa de crecimiento y competitividad.