
Editorial: “El milagro del fútbol y la Navidad de la Gran Guerra 1914”
¿Por qué el fútbol fue y sigue siendo importante?
Diciembre de 1914. Y al llegar la Nochebuena se produjo una situación inesperada, considerando que ya habían transcurrido cinco meses desde el inicio de la I Guerra Mundial y el ánimo de vencer al otro, iba creciendo día a día.
La escena a la que ya se estaba haciendo costumbre, era ver a los soldados del imperio alemán y a las tropas británicas intercambiando disparos sobre una franja de tierra de nadie en la que heridos y muertos yacían esparcidos.
¿Qué pasó?
Sin embargo, en la Nochebuena, y sin que nadie se pusiera de acuerdo, espontáneamente en varios puntos del Frente Occidental, los alemanes colocaron árboles iluminados en los parapetos de las trincheras y los aliados se les unieron, generándose un alto al fuego.
Ese hecho se conoció como la Tegua de Navidad de la I Guerra Mundial.
¡Un poco de historia!
La tregua «surgió entre la tropa», dice el historiadorStanley Weintraub, en cuyo libro Silent Night cuenta la historia. Tras repetir en voz alta, frases como «Tú no disparar, nosotros no disparar», algunos de los, hasta entonces, enemigos cantaron villancicos, sonidos los que sustituían el ensordecedor ruido de las balas.
Según relata Weintraub en su obra, cada bando ayudó al contrario a cavar tumbas y celebrar ceremonias en memoria de los caídos. A esas imágenes a las que dio origen la tregua, se sumaron otras: los soldados intercambiando sus comidas y obsequiándose regalos como los botones de sus uniformes y guardarlos como recuerdo.


El fútbol entre los soldados
Y aprovecharon, incluso, de jugar fútbol. Esa práctica, dejó en evidencia desde esos años que el fútbol mueve pasiones, que de fronteras no conoce y hasta en período de guerra, hubo quienes dejaron de lado todo y se animaron a jugar un rato.
La proximidad de las líneas de trinchera facilitó que los soldados se saludaran a gritos, intercambiaran noticias de las ligas de fútbol y cantaran por las noches, a veces deliberadamente con miras a entretener o burlarse suavemente de sus oponentes.
Al año siguiente, ya las treguas no se extendían como ocurrió en 1914 y esto como consecuencia de las órdenes redactadas por los altos mandos de ambas partes y, a medida que pasaba el tiempo, la guerra se fue recrudeciendo, cada vez con mayor violencia, no había espacio para canciones, ni saludos, ni nada, sólo disparar y terminar con el enemigo.
A pesar de que se hicieron intentos, de treguas, estos fueron más bien esporádicos. Sí, hay que recordar que una unidad alemana intentó abandonar sus trincheras, bajo una bandera de tregua el domingo de Pascua de 1915, pero los británicos que estaban frente a ellos lo advirtieron.
Y un antecedente no menor es que en diciembre de 1915, definitivamente, los comandantes aliados dieron órdenes de evitar cualquier tipo de repetición de la tregua navideña anterior. Los ánimos no estaban para espacios de fraternidad.
En diciembre de 1916 y 1917, por ejemplo, las propuestas alemanas a las treguas británicas no tuvieron éxito. En algunos sectores franceses, de manera ocasional, se escuchaba a los soldados entonar canciones y se intercambiaban regalos.
Lo cierto es que nadie sabe si la Tregua de Navidad ocurrió en toda su plenitud como se describe en la literatura, o el tiempo la fue elevando a categoría de mito, incluso, para sus protagonistas.
Este hecho reflejó que el fútbol no conoce fronteras desde tiempos inmemoriales y que,en general, incluso, en medio de situaciones inhóspitas o hasta bárbaras, pueden abrir un espacio para que brote un halo, al menos, de esperanza sobre el ser humano.

