
EDITORIAL: “Mínimos comunes” al estilo “de la justicia en la medida de lo posible”
Corría 1991, cuando el entonces Presidente, Patricio Aylwin, sentó las bases de la “justicia en la medida de lo posible”, respecto de los crímenes y violaciones a los DDHH de la dictadura.
Han transcurrido más de veinte años y, ahora, ya las nuevas generaciones y quienes tenemos más años, estamos escuchando una nueva frase que, al menos, debiera llamar la atención, porque de nuevo es a la chilena, de a poquito, dentro de lo posible, un pequeño esfuerzo, para qué desgastarse tanto.
¿Y qué frase es? “Los mínimos comunes” (hacia una renta básica universal, justo cuando se está ad portas de elecciones el 15 y 16 de mayo). La nueva fórmula que desde la oposición y el Gobierno aplauden, de nuevo, se auto aplauden, se complacen entre ellos, entre los mismos de siempre. ¿Por qué los mínimos comunes?, ¿por qué no apuntar al máximo?, ¿por qué quedarse en la pequeñez tan típica de la naturaleza chilensis? Porque acá, convengamos que las cosas se hacen mal, o a medias. Pocas son las ocasiones en que las medidas que se adoptan son integrales, bien pensadas, planificadas y que tienen la mirada en la mayoría, no en grupitos segmentados.
Lo que estamos viendo, desde hace unos días, tras el “tira y afloja” del tercer retiro del 10% de ahorros de la AFP -los ahorros de los trabajadores, no es un regalo del sector privado, nada de eso, es producto del esfuerzo de quienes trabajan- es que la oposición se está acercando al Gobierno y ya levantan un eslogan que, sería mejor, guardarlo, porque demuestra que cuando se trata de hablar de la sociedad chilena, de la mayoría de los chilenos, se piensa en pequeño.
Algunos están hablando de la “cocina”, de esos acuerdos partidistas que se hacen entre cuatro paredes, entre los “privilegiados” no, necesariamente, por talento y trayectoria profesional, sino porque son militantes de sectores que ejercen poder e influencia, que mueven la “muñeca”, que negocian, que se ponen de acuerdo, que fijan ideas y lineamientos. El punto es que en esa “cocina” no hay representación ciudadana alguna, cero participación o nula participación del chileno común y corriente, de ese mismo chileno que, quizás, lloró al enterarse que podrá tener un tercer retiro de su AFP, como si los dioses del Congreso, esos “ángeles” abrieran sus alas para ayudar a ese chileno.

Estamos siendo testigos de una profunda grieta entre la ciudadanía y la casta política, esa clase política que tanto daño le ha significado al país y que, por años, han estado en la vereda del acomodo, del instalar a su parentela y amigos en cargos públicos, de esos que están convencidos que con $200.000 mensuales, alguien vive con decencia, mientras ellos se frotan los bolsillos con más de $9.000.000 mensuales, dejando de lado todas las otras ventajas que tienen.
Uno debiera preguntarse, ¿hasta cuándo seguirán pensando que los chilenos y tantos migrantes llegados al país, no se dan cuenta que se viene una nueva “cocina”, que ya hay comensales preparándose para sentarse a la mesa, beber del mejor vino y, de paso, seguir comiendo con el tenedor al revés, porque ni la fortuna que han acumulado les ha servido para comer con el tenedor como corresponde?
¿Acaso usted mirando de repente los programas de farándula, de baja factura en la televisión chilena, copiados de formatos extranjeros, la mayoría argentinos o españoles, no ha reparado en que cuando invitan a hablar, a cocinar y a comer a los políticos, la mayoría, ni siquiera sabe usar correctamente el tenedor?
Bueno, eso, es parte de lo que le falta a la política chilena, clase, estampa, educación, profesionalismo y educación. Si esos factores, de verdad estuvieran presente, no estaríamos siendo testigos de la “cocina” entre “seudos políticos” que piensan que representan a alguien, con suerte a ellos mismos o a sus familias.
Si la política fuera profesional en este Chile, en este “jaguar” que es un “gato mojado”, el escenario sería distinto y veríamos, por ejemplo, que en las elecciones del 15 y 16 de mayo sí hay rostros nuevos, gente profesional, con trayectoria y no candidatos que un día son candidatos a gobernador y después de unos días, candidato a constituyente. Y nadie repara, y nadie dice nada.
Ni hablar de los “rostrillos” de farándula a los que habría que hacerles varios años de clases para que, primero, entiendan qué es una Constitución, para qué sirve y que Constitución no es el nombre de una mujer. Más de alguno, debe pensar eso.

