El grado académico que nunca llegó y el déficit fiscal que sobró: El agridulce adiós de la generación estudiantil de Boric
La verdad es que para empezar este artículo, se vienen a la mente varios titulares. Por ejemplo: “De la Alameda a la Cuenta Corriente: Por qué a Boric no le dieron los números (ni el grado)”, “Sin Título y con Deuda: El anuario escolar de la generación que quiso cambiarlo todo”. Y hay más: “¿Reprobado en Economía? El examen de grado que Boric le quedó debiendo a Chile”, “Manual de Estilo Millennial: Cómo pasar de la toma de la facultad al ‘hoyo’ fiscal en 10 pasos”.
La trayectoria de Gabriel Boric marca un quiebre con la tradición republicana de presidentes con títulos de prestigiosas facultades (generalmente abogados o economistas).
A diferencia de sus predecesores o pares regionales, el capital de Boric no fue el “cartón”, sino el activismo.
La historia de Boric es la de un líder que dominó la narrativa política pero no logró domar la técnica económica. Su falta de título profesional fue siempre una anécdota frente a su capacidad de movilización, pero al final de su mandato, la realidad de los números (el déficit) terminó siendo el argumento más fuerte de sus opositores.
Entrega un país con una deuda controlada en su techo, pero con un gasto corriente desbocado que obliga al próximo gobierno a aplicar una “dieta fiscal” severa.
La comparación entre Gabriel Boric y otros referentes de su generación, como Nayib Bukele o Javier Milei, revela dos formas diametralmente opuestas de entender el poder “millennial” en América Latina. Aunque todos comparten el uso intensivo de la comunicación directa y un origen ajeno a las élites políticas tradicionales, sus métodos y resultados los sitúan en polos distintos.
El Contraste de las Narrativas: Institucionalismo vs. Disrupción
Gabriel Boric representa un liderazgo de “izquierda institucionalista”. A pesar de su origen en las protestas callejeras, su gestión se caracterizó por un respeto irrestricto a las formas democráticas, la búsqueda de acuerdos transversales y una fe profunda en el Estado como motor de cambio. Sin embargo, esta misma adhesión a los procesos lentos de la democracia fue lo que, ante los ojos de la ciudadanía, se percibió como falta de ejecución o “sentido común”, especialmente frente a la crisis de seguridad.
Por el contrario, Nayib Bukele encarna el “pragmatismo autoritario”. Mientras Boric se enfocaba en las causas estructurales de los problemas, Bukele optó por la “solución de shock”. Para Bukele, las instituciones y los derechos humanos son a menudo obstáculos para el bienestar de las mayorías. Esta diferencia quedó plasmada en sus constantes roces por Twitter (X), donde Bukele llegó a decir que los chilenos “son más que su presidente”, criticando la supuesta inacción de Boric frente al crimen organizado.
La Formación Académica como Símbolo
Un punto de comparación fascinante es la relación de ambos con la academia. Ninguno de los dos ostenta un título universitario tradicional: Boric es egresado de Derecho sin titularse, y Bukele dejó sus estudios de Derecho para dedicarse a los negocios y la publicidad.
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Boric intentó compensar esta falta con un lenguaje técnico, rodeándose de académicos de élite (como Mario Marcel en Hacienda) para dar garantías de seriedad.
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Bukele, en cambio, convirtió su falta de título en una medalla de “outsider”, despreciando el conocimiento técnico de las universidades y prefiriendo el éxito empírico de sus políticas.
Resultados Generacionales: El “Hambre de Resultados”
Al cierre de 2026, la comparación se vuelve estadística. Mientras Boric termina su mandato con una aprobación en torno al 30%, marcada por el déficit fiscal y la crisis de seguridad, Bukele goza de cifras de popularidad que superan el 80%.
Esto plantea una pregunta incómoda para la generación política de Boric: ¿Qué prefiere el ciudadano millennial?
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Boric ofreció procesos: reformas lentas, respeto a la ley y discusión social.
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Bukele ofreció resultados: ciudades seguras de inmediato, aunque fuera a costa de las libertades civiles.
El Tercer Vértice: Milei y la Técnica
Si Boric es la “ética de la responsabilidad” y Bukele es el “pragmatismo de la seguridad”, Javier Milei aparece como el referente de la “técnica económica”. A diferencia de Boric, Milei usa su título de economista como un arma para descalificar a la clase política. En el balance regional, Boric queda como el líder que quiso reformar el sistema desde adentro, pero terminó atrapado por la burocracia y los números rojos, mientras sus pares (Bukele y Milei) avanzaron rompiendo las reglas para entregar soluciones directas a sus bases.
Su “pobre” paso estudiantil
La trayectoria académica de Gabriel Boric es uno de los capítulos más comentados de su biografía, ya que representa el paso del dirigente estudiantil al líder político, pero dejando un cabo suelto en lo profesional que sus detractores suelen utilizar como dardo político.
Aquí te detallo la cronología y los puntos clave de su paso por la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile:
1. El Ingreso y la Vida Universitaria (2004 – 2009)
Boric ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile (la mítica escuela de la calle Pío Nono) en 2004, tras egresar de la educación media en Punta Arenas.
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Alumno destacado: Durante sus años de cursada, fue ayudante de cátedras importantes, como Derecho Internacional Público, Historia del Derecho y Teoría de la Justicia.
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Foco político: Rápidamente se volcó a la política universitaria, siendo presidente del Centro de Estudiantes de Derecho (CED) en 2009, liderando una histórica toma de la facultad que duró 44 días.
2. El Egreso y el Salto a la Fama (2011)
Boric completó toda su malla curricular, lo que en el sistema chileno lo convierte en “Egresado de Derecho”.
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En 2011, mientras se preparaba para los pasos finales de la carrera, estalló la movilización estudiantil.
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Fue electo presidente de la FECH, sucediendo a Camila Vallejo, lo que lo puso en la primera línea nacional y lo alejó definitivamente de los libros de leyes para centrarse en las calles y la política institucional.
3. El Examen de Grado: El Gran Obstáculo
Para ser abogado en Chile, tras egresar, se deben cumplir tres requisitos finales: la tesina (o memoria), el examen de grado y la práctica profesional.
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El intento: Boric ha reconocido públicamente que se preparó para el examen de grado (una evaluación oral exhaustiva de toda la carrera), pero reprobó en su primer intento.
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La decisión: Tras esa reprobación y con una carrera política en ascenso meteórico (electo diputado en 2013), decidió no volver a rendirlo.
4. Consecuencias y Percepción Pública
El hecho de que el Presidente de la República no tenga un título profesional ha generado un debate constante en Chile:
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Crítica de la Oposición: Se utiliza para cuestionar su “preparación” o “falta de rigor” para cargos complejos, apodándolo en redes sociales como “el estudiante” de forma peyorativa.
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Defensa de sus Partidarios: Argumentan que su formación intelectual es sólida (fue ayudante académico) y que su “título” lo obtuvo en la práctica política y legislativa.
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La frase de Boric: En varias ocasiones ha dicho: “No me dio el cuero para ser abogado y dirigente político al mismo tiempo”, asumiendo con honestidad que priorizó su vocación pública sobre el cartón profesional.
- Gabriel Boric es el primer presidente de Chile en décadas que no ostenta un título profesional universitario, rompiendo una larga tradición de presidentes abogados, economistas o médicos.
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La historia de Boric es la de un líder que dominó la narrativa política pero no logró domar la técnica económica. Su falta de título profesional fue siempre una anécdota frente a su capacidad de movilización, pero al final de su mandato, la realidad de los números (el déficit) terminó siendo el argumento más fuerte de sus opositores.
Entrega un país con una deuda controlada en su techo, pero con un gasto corriente desbocado que obliga al próximo gobierno a aplicar una “dieta fiscal” severa.
Gestión vs. Relato: Las lecciones que deja el cierre fiscal en Chile
El cierre del ciclo 2022-2026 nos deja una reflexión obligatoria para quienes analizamos la gestión pública y el liderazgo generacional. Gabriel Boric concluye su mandato con un déficit estructural del 3,6% del PIB, una cifra que trasciende lo económico para convertirse en un síntoma de gestión.
¿Qué podemos aprender de este periodo?
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La brecha de la ejecución: Mientras líderes generacionales como Nayib Bukele o Javier Milei apostaron por resultados de alto impacto (aunque con métodos radicalmente distintos), la administración Boric quedó atrapada en la burocracia de los procesos. En el mundo de hoy, el “relato” no sobrevive a una mala ejecución.
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La solvencia técnica no es opcional: Gozar de una formación académica completa o de experiencia en el sector privado no es un fetiche; es una garantía de herramientas para la toma de decisiones. El déficit de US$ 13.200 millones es, en parte, el costo de una curva de aprendizaje que el país no podía permitirse.
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El mercado no perdona el voluntarismo: Gastar en base a proyecciones de crecimiento inexistentes es una receta para el estancamiento. El próximo desafío de Chile será un ajuste fiscal de US$ 6.000 millones, una tarea técnica que requerirá más realismo y menos retórica.
Chile entra en una nueva etapa con José Antonio Kast, donde la eficiencia y el orden fiscal serán las métricas del éxito. El ciclo de la “política universitaria” llega a su fin, dejando una lección clara: gobernar es, ante todo, gestionar prioridades y recursos escasos.


