“El último galope: El olvido que se intenta imponer al Club Hípico de Magallanes”
Ante la amenaza de una expropiación del recinto en el que, por largos años, ha funcionado el Club Hípico de Magallanes, no se puede dejar de lado que la historia de este lugar es, en muchos sentidos, la historia misma de Punta Arenas y de la identidad patagónica.
Corría el año 1894, cuando se erigió como el recinto hípico más antiguo del país y, desde entonces, se convirtió en un punto de encuentro social, deportivo y productivo de la región más austral de Chile. En el imaginario colectivo de la región, es una “cápsula del tiempo” que atestiguó la época dorada de Magallanes.
La “magia” que muchos no quieren que se pierda reside en el sentido de pertenencia, porque durante décadas, el hipódromo fue un escenario de socialización intergeneracional.
En sus inicios, el Club Hípico estuvo intrínsecamente ligado a las grandes sociedades ganaderas. En esa época, Magallanes era una de las regiones más prósperas gracias a la lana. Los grandes estancieros fundaron la Sociedad Rural de Magallanes (antecesora del club) para mejorar las razas de caballos y ganado. El club no sólo era para carreras, sino que era el centro de exposiciones ganaderas e industriales que conectaban a la Patagonia con el comercio global.
“La historia que quieren borrar”
Karin Heller Nessi -quien falleció en 2022- fue, precisamente, una de las más férreas defensoras de la disciplina ecuestre y del Club Hípico. Formó parte de varias organizaciones sociales e, incluso, llegó hasta el Concejo Municipal para dar cuenta de la trascendencia de este recinto y de aquellas historias que han permanecido en la memoria de gran parte de los puntarenenses. Una vez en que participó como expositora en el Concejo Municipal, les recordó a los ediles que, en 1914, Omar Page, uno de los primeros pilotos nacionales, usó el Club Hípico como pista de aterrizaje para lo que fue el primer vuelo de un monoplano, primero en el mundo en elevarse en estas australes latitudes.
También hizo alusión a que dos años más tarde, en 1916, desde el Club Hípico despegó el “Talcahuano” para unir por primera vez Punta Arenas y Tierra del Fuego, transformando el recinto en escenario de una hazaña que marcó la historia de la conectividad regional.
El inolvidable Juan Manuel Fangio
Mario Urbina, -quien falleció en 2023- fue formador de varios caballos de enduro y jinetes y, alguna vez, recordó con cierto dejo de tristeza que, en el Siglo XX, el Club Hípico fue, además, epicentro de grandes hitos deportivos y productivos, albergando en 1920 el Primer Concurso Ganadero e Industrial de la ciudad. Y señaló que “en 1927 fue punto de largada de la primera competencia automovilística de la Patagonia y en 1942 recibió la meta del Gran Premio del Sur, competencia en la que participó el legendario piloto argentino Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón mundial de Fórmula Uno”.
Pero el Club Hípico no es sólo un espacio de memoria histórica, es también un lugar vivo donde diversas agrupaciones ecuestres han desarrollado prácticas tradicionales ligadas al caballo, al trabajo de campo y a disciplinas deportivas que forman parte del alma gaucha de la Patagonia. En sus naves y pesebreras, en sus pistas y picaderos, generaciones de jinetes han aprendido, entrenado y competido, manteniendo viva una cultura que trasciende el deporte y se proyecta como identidad regional.
También este recinto fue parte del XV concurso ecuestre de salto austral internacional con más de cincuenta participantes. Casi año a año participaba una delegación argentina, lo que siempre se calificó como algo bueno, porque generaba vínculos de amistad entre ambos ejércitos y daba la posibilidad de conocerse. Eso, demuestra que su importancia va más allá de las carreras de los jinetes y sus respectivos caballos.
Hoy, este sitio histórico y patrimonial enfrenta desafíos que superan las capacidades de quienes lo utilizan y defienden. Sin embargo, más allá de las coyunturas, su valor trasciende lo material: el Club Hípico representa la memoria colectiva de Magallanes, un espacio donde convergen tradición, deporte, innovación y comunidad.
El latido de una herencia
Sofía Srdanovic Heller (hija de Karin Heller), y quien es campeona chilena, Categoría Escuela B en Adiestramiento Ecuestre, entrega una reflexión en la que vale la pena reparar y tener presente, no mirar de reojo, sino recordar siempre: “Bajo el cielo indómito del sur, donde el viento solía mezclarse con el estruendo de los cascos, hoy reina un silencio sepulcral. El Club Hípico de Magallanes no sólo enfrenta el paso del tiempo, sino una condena al olvido que busca borrar décadas de gloria, apuestas y tradición austral. No son sólo paredes las que caen, es el alma de un patrimonio que se desvanece ante la indiferencia, dejando huérfana la memoria de una tierra que alguna vez vibró al ritmo del galope”.
Sofía agrega que “hubo un tiempo en que el Club Hípico de Magallanes era el corazón palpitante del sur; un santuario de elegancia y adrenalina donde el aire cortante de la Patagonia se entibiaba con el aliento de los purasangres. Hoy, esa misma tierra parece desconocer su propia grandeza. Entre los tablones crujientes y las graderías vacías, el romanticismo de las tardes de gloria se resiste a morir, librando una batalla silenciosa contra un presente que prefiere el cemento a la memoria. Mirar sus restos no es sólo ver ruinas, es sentir el pulso de una identidad magallánica que aún se niega a dar su último suspiro”.


