Juan Jose Srdanovic

El abogado, Juan Srdanovic Arcos califica como desacato y un estado de rebeldía, la postura del Ministerio de Justicia para dilatar el pago de la indemnización de daños y perjuicios dictada en favor de los sujetos de iniciales M.N.G. y T.S.V., por $40 millones de pesos y $20 millones de pesos, respectivamente, en el marco de la causa Rol N C-1814-2020.

Hay que mencionar que el abogado ha presentado cuatro veces oficios que no han sido cumplidos por parte del Ministerio de Justicia y el Fisco mantiene la deuda, a pesar de la existencia de sentencias firmes en dos instancias.

Los hechos: Supuesta sospecha de robo y rayado

Como consta en la demanda de hacienda interpuesta contra el Estado de Chile, cuya pretensión es la reparación de perjuicios por responsabilidad extracontractual, los hechos son los siguientes:

En el caso de la víctima (T.S.V.), “el 27 de marzo de 1984, participó en una jornada de protesta por los derechos humanos en el centro Punta Arenas. En aquella oportunidad, sin provocación alguna iba caminando por el sector del río de las minas con dos amigos más, en ese instante llega una micro de Carabineros y proceden a detenerlos por una “supuesta sospecha de robo”. Al subir a la micro junto a sus amigos, los pasearon por casi toda la ciudad llevándolos a la Comisaria, quedó incomunicado y se le informó que el nuevo cargo que se le imputaba, era por haber rayado todo el barrio Prat.

“Al día siguiente lo comenzaron a interrogar tratando de sacar información de la que no tenía conocimiento. Mientras todo esto sucedía, la Vicaría de la Solidaridad hacía lo pertinente para poder sacarlo de ahí”. Agrega que “al estar detenido apareció gente de la CNI vendándole los ojos y golpeándolos brutalmente en todo el cuerpo”.

El afectado recuperó su libertad transcurridas cuarenta y ocho horas; sin embargo, el impacto del evento permanece latente. “Lo vivido en dicha cárcel es imborrable” y lo persigue hasta el día de hoy. Por un lado, siente frustración al sentirse discriminado y marcado de por vida y, por otra parte, lo embarga el rencor por las torturas, no puede vivir en paz y le cuesta salir tranquilo a la calle, porque se siente vigilado.

Los hechos: Le dieron “la bienvenida”

En el caso del afectado de iniciales M.N.G., según consta en la demanda de hacienda interpuesta contra el Estado de Chile, el 27 de marzo de 1984, participó en una jornada de protesta por los derechos humanos en el centro de Punta Arenas. En aquella oportunidad, sin provocación alguna, caminaba en una marcha en que había unas 2.000 personas y que se desarrollaba por la calle Bories con Colón. En esas circunstancias, fue detenido por carabineros en el sector de Colón con Chiloé, quienes le propinaron golpes, mientras era trasladado a la Comisaría. La víctima relata que, al llegar al recinto policial, le dieron “la bienvenida”, la que consistía en pasar por un callejón con carabineros en ambos lados, para así propinarles golpes de todo tipo.

Agrega que después ingresó a una celda en la que había entre 60 ó 70 personas hacinadas, con movimiento totalmente reducido. Durmió de pie y su respiración era casi nula, al igual que los otros detenidos, los que se turnaban para tener un poco de oxígeno por la puerta de dicha celda.

M.N.G., señala que, al día siguiente, fue trasladado al “palacio de la risa” en donde lo torturaron brutalmente (descargas eléctricas en la zona genital.), lo amarraron y golpearon con la finalidad que reconociera los que se le imputaban, los que eran falsos.

Al mismo tiempo, comenta que una vez en la Fiscalía Militar -instancia donde estuvo en todo momento presionado por cada uno de los funcionarios presentes, quienes lo apuntaban con fusiles. El fiscal, dice, lo obligó a firmar documentos, sin tener la alternativa de leerlos y/u objetarlos, ni siquiera de consultar su contenido, ya que su vida estaba en juego. con los antecedentes que pusieron en sus

Luego de firmar los documentos, éstos sirvieron para declararlo culpable. Estuvo privado de libertad durante 33 días, sintiendo el miedo permanente de ser asesinado. También estuvo privado de alimentación razonable, ya que las porciones de comida eran insuficientes, con las luces apagadas las 24 horas y con visitas del personal militar para retirar prisioneros, sin certeza de que volvieran al recinto carcelario.

Después de recuperar la libertad, durante 7 años siguieron los hostigamientos y amenazas.

Lo vivido en dicha cárcel es imborrable y persigue al demandante hasta el día de hoy. “No resulta fácil recordar todo lo vivido, ya que, producto de la tortura física y psíquica que padeció, tiene lapsos de pérdida de memoria”.