Paseo Ahumada

Por: La Voz

«He seguido con atención, hasta con esperanza, el debate por el segundo retiro de fondos en el Congreso. He visto las volteretas del Gobierno, de los parlamentarios oficialistas y, por qué no reconocerlo, también la de algunos de oposición.

He escuchado las explicaciones de los ministros acerca de por qué la reforma es inconstitucional y se vieron en la obligación de recurrir al Tribunal Constitucional, de por qué es necesario que las rentas más altas de este país deban pagar impuestos si acceden al beneficio –o sea de $ 800.000 hacia arriba (con lo que descubrí con pesar que estoy entre las fortunas de Chile, junto con el Presidente Sebastián Piñera).

Y he escuchado cómo esta mala política pública de retirar fondos de las AFP para cubrir necesidades básicas, va a mermar nuestras ya escuálidas pensiones. Este episodio, me ha hecho constatar, con tristeza, la falta total de empatía de nuestras autoridades con la ciudadanía.

Nuestros gobernantes no pueden creer que estemos dispuestos a hipotecar nuestras jubilaciones sólo para tener un mejor pasar en estos días aciagos.

Ven con horror que muchos trabajadores cuenten con los eventuales recursos de un posible segundo retiro, no ya para comprar regalos para Navidad –que sería un suntuario inaceptable-, sino para darle a sus hijos una cena de Navidad decente. 

No voy a decir que les falta calle, porque a estas alturas ese es un cliché, sencillamente no entienden, ni lo harán jamás, la impotencia de vivir con la inseguridad de no contar con un sueldo decente, con el temor de perder la fuente laboral o, peor aún, la angustia de llevar meses sin trabajo y no tener esperanza de conseguir uno.

Es por eso que ya no importa reducir aún más la jubilación de miseria a la que estamos destinados la mayoría en este país.

Es por eso que a muchos no nos importa que un nuevo retiro sea “pan para hoy y hambre para mañana”. Porque estamos preparados para pasar hambre, más de la mitad de Chile seguramente ha pasado tiempos difíciles, no nuestros gobernantes, claro, ellos no. Por eso. preferimos pensar que “Dios proveerá”…

Estas semanas me he acordado mucho de mi padre, porque a él le escuché, por desgracia, muchas veces esa frase. Como ferviente católico no dudaba en dejar en manos de Dios lo que sabía que no podría resolver él.

Yo, un poco por la desconfianza innata en nuestros gobernantes y otro poco por la necesidad de creer en algo, estoy ahora en la misma situación. Prefiero confiar en que Dios proveerá, que en guardar mis cotizaciones para que el 1% más rico de este país se haga más rico.

No le creo sus buenas intenciones a los ministros Ignacio Briones ni María José Zaldívar. No le creo al Presidente. 

Cuando llegue el momento Dios proveerá».