Por: Daisy Castillo Triviños, directora «Cápsula Informativa».

Es imposible no darse cuenta que Chile, es el país del odio, en donde el otro ciudadano es mi enemigo. Las personas no dialogan, no hay diferencias de opinión, hay bandos y trincheras y, el otro, que no piensa como yo, es disidente y he de destruirlo.

Lamentable, lo que hemos vivido en estos últimos cuatro días en Santiago y en algunas regiones del país, es un escenario marcado por imágenes que se contraponen. Por un lado, miles de personas que se sumaron a las movilizaciones en las calles, junto a sus familias, con cacerolas, pancartas y banderas chilenas con ánimo de protestar en paz, sin desmanes.

Un panorama que ha dado la vuelta al mundo, a través de los medios de prensa internacionales, con un ¡Chile que despertó! Y que se ha transformado en una consigna para quienes se manifiestan de manera pacífica, cansados de los abusos en educación, salud, por las paupérrimas pensiones, sólo por citar algunos de los males que nos aquejan como sociedad.

Juan Luis Guerra, afirmaba en una canción: “El costo de la vida sube otra vez”,  todo sube y ¿los sueldos? No, ahí no hay alzas, salvo para los honorables que profitan en Valparaíso de la Hacienda Pública.

Por otra parte, está la imagen de los delincuentes, del lumpen que destruyeron estaciones de metro, quemaron buses del Transantiago, automotoras, sacaron de cuajo semáforos, señaléticas y se han organizado para saquear supermercados y tiendas, llevándose televisores, refrigeradores, ropa y todo lo que pudieran cargar. Unos robando, a rostro descubierto y, otros, cubriéndose las caras.

Hemos edificado una sociedad bárbara y decadente, sin valores y moral. No hay quien detenga esta espiral de violencia que sólo se profundiza más y más y que ha dado como resultado un nuevo estallido social.

Todo este escenario, se gatilló con la decisión de subir el pasaje de metro, medida que el Gobierno del Presidente Piñera, de la mano de su “panel de expertos” y su Ministra de Transporte, mantuvo y reafirmó con soberbia que ¡Aquí no se bajará el pasaje!

Dicho esto, se anunció la suspensión de dicha alza cuando el Ejecutivo se vio superado, con carabineros que no daban abasto ante la violencia de los delincuentes. Acto seguido y, horas después, cuando ya el caos se apoderaba de Santiago, se decretó Estado de Emergencia y Toque de Queda.

Y el Toque de Queda ha parecido, más bien, un chiste, porque pocos lo respetan y la gente se ha congregado de manera pacífica cuando ya se comienza a aplicar la medida, reflejando que el actual Gobierno y las medidas que se adopten, les da lo mismo, porque se perdió el respeto por la poca autoridad que ostentan. ¿Autoridad? ¿poder? , palabras que suenan vacías, en la crisis institucional que vive este rincón de Sudamérica, ¡los jaguares del continente!

Un ejemplo del apoyo que ha recibido la población chilena, frente a las sentidas demandas, es que sus pares que viven, actualmente, en Inglaterra y en Suecia, se movilizaron hasta las embajadas de Inglaterra y de Suecia, de manera pacífica, en señal de respaldo. Ellos, no están acá, pero se sienten parte del caos que se está enfrentando y del que la clase política, transversalmente, y los encapuchados y delincuentes son responsables.

Hay que recordar que el Presidente, Piñera llamó a la colaboración de los militares, los que, en un primer momento, se dedicaron a observar, como almas en pena. Uno de sus grandes desaciertos, como comandante en jefe de este país, porque nuestros Presidentes son Comandantes en Jefe ante crisis y catástrofes, fue no enviar a las Fuerzas Armadas a las estaciones de metro y a los supermercados, pudiendo haberse evitado los destrozos y el descontrol.

Tan superadas están estas fuerzas que, en vez, de que los militares resguardaran a los ciudadanos, los propios vecinos con chaquetas reflectoras se han organizado para proteger sus hogares y no ser víctimas de robos por parte de la chusma incontrolada e impidiendo que los delincuentes saquearan los supermercados y negocios cercanos a sus inmuebles.

¡Nulo liderazgo!

¿Falta de liderazgo del Presidente, Piñera? De eso, no hay duda, dando la sensación que improvisa, que está superado por los encapuchados y su violencia y tampoco sabe manejar el descontento ciudadano que no se inclina por protagonizar desmanes, porque la carta legislativa se mantendrá y no hay ningún interés en frenar proyectos de ley que causan preocupación y resquemor en la población. Sigue gobernando en base a encuestas de opinión.

A tal punto llega el desorden en la administración actual,  que al Presidente no se le ocurrió nada mejor que decir que Chile está en guerra, lo que provocó la molestia de los sectores de izquierda. La vocera, Cecilia Pérez salió, intentando bajarle el perfil a los dichos de su jefe, sin conseguir, por supuesto, el propósito que se le encomendó, fue generar más ruido, sin reconocer que sus dichos fueron un error.

Hasta el Jefe de la Defensa Nacional, General de División del Ejército, Javier Iturriaga del Campo, se mostró contrario a las palabras del Mandatario, asegurando que “yo soy un hombre feliz, no estoy en guerra con nadie”, lo que su vez, provocó la molestia de los sectores de derecha. Y fue tal la molestia de la derecha, que Iturriaga, en esta tarde de lunes, ya sin hacer comentarios «chistosos» como hizo en dos de sus intervenciones anteriores, dijo: «No corresponde especular sobre una frase. No hubo en mis palabras doble intención. Comprendo mi cargo y la autoridad máxima que representa al país».

El país se desmorona, tal vez, no hoy ni mañana completamente, pero le advierto lector, y que no se diga, lamentablemente, que no lo dije primero, ya vienen los tiempos de escasez, de la pérdida por el hijo o el padre ausente, de los tribunales populares que juzgarán al ciudadano en la plaza pública, del armagedón de Chile. ¡Confiemos en que no sea así!

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