Por: Gonzalo Cruces, SEREMI RM Ministerio de Medioambiente y Viviana Puentes, Directora Escuela de Auditoría Universidad de Las Américas.
Cuando hablamos de economía circular, pensamos en reciclaje, valorización de residuos, innovación o nuevas formas de producción y consumo. Sin embargo, existe una dimensión menos visible, pero indispensable para sostener este modelo en el tiempo: la fortaleza de las organizaciones que lo hacen posible.
Los recicladores de base cumplen un rol fundamental en esta transición. Su trabajo permite recuperar materiales, reducir la disposición de residuos y reincorporar recursos a nuevos ciclos productivos. La implementación de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP) ha reforzado su reconocimiento y plantea nuevos desafíos de formalización y asociatividad. En este escenario, las cooperativas adquieren especial relevancia como forma de organización colectiva.
Pero constituir y gestionar una cooperativa implica asumir los desafíos de un marco normativo específico y a particularidades contables y tributarias que requieren conocimientos puntuales.
Administrar recursos, tomar decisiones colectivas y responder a estas exigencias, demanda capacidades que deben desarrollarse. Allí surge un desafío central: la formalización no garantiza por sí sola el fortalecimiento organizacional. Promover la asociatividad requiere también acompañar a estas entidades para que puedan gestionarse adecuadamente, actuar con transparencia y proyectarse en el tiempo.
Es aquí donde la gobernanza adquiere especial relevancia. La transparencia, la rendición de cuentas, el cumplimiento normativo, la adecuada administración de los recursos y la planificación, no son meras exigencias administrativas. Son condiciones que fortalecen la confianza y contribuyen a la sostenibilidad de las organizaciones y, por extensión, de la labor ambiental que desarrollan. Una cooperativa bien gestionada no solo está en mejores condiciones de cumplir sus obligaciones, sino también de crecer, generar alianzas y aprovechar nuevas oportunidades.
La buena gobernanza, en este sentido, constituye una infraestructura invisible de la economía circular: aquella que no vemos cuando un residuo vuelve al ciclo productivo, pero que permite que la organización que lo hace posible continúe funcionando. Esta dimensión adquiere especial importancia a medida que avanzamos en la implementación de la economía circular: aumentar la recuperación y valorización de residuos, requiere también fortalecer a quienes sostienen ese trabajo en el tiempo.
Esta responsabilidad no recae exclusivamente en las cooperativas. Las instituciones públicas cumplen un rol fundamental generando condiciones y políticas que acompañen su desarrollo, mientras las universidades contribuyen mediante la generación y transferencia de conocimiento, poniendo sus capacidades al servicio de estas entidades. Los recicladores de base, por su parte, aportan la experiencia construida desde la práctica. El valor de la colaboración está precisamente en articular esas capacidades distintas para responder a necesidades concretas de las organizaciones.
Ejemplo de lo anterior es la colaboración entre la SEREMI del Medio Ambiente de la Región Metropolitana y Universidad de Las Américas, mediante un programa de formación para cooperativas de recicladores de base en materias legales, contables y tributarias. Esta experiencia muestra cómo la cooperación entre el sector público, la academia y los recicladores de base, puede traducirse en capacidades concretas que permanezcan más allá de una actividad de formación.
La economía circular necesita regulación, infraestructura e innovación. Pero también requiere organizaciones sólidas, transparentes y capaces de proyectarse. Porque detrás de cada material que vuelve al ciclo productivo, existen personas y cooperativas que hacen posible ese proceso.
Robustecerlas no es un aspecto secundario de la economía circular: es una condición para sostenerla en el tiempo.
Fortalecer a quienes hacen posible este ciclo es también cuidar el medio ambiente, ya que la sostenibilidad no sólo se construye reciclando, sino que robusteciendo a las organizaciones que reciclan.