Por: Fernando Quilaleo, profesional de la Fundación FIEL.

«¡Crisis, estallido social, rebelión ciudadana, protesta social, primavera chilena o momento constituyente! Estos y otros nombres son utilizados para intentar dar cuenta de la movilización social que, por cierto, no es una fiesta, salvo que usted lector, considere que una revolución es una fiesta, puede ser.

Sería interesante recordar cómo comenzó todo, cuál fue el big bang: el 11 de octubre, los estudiantes y dirigentes del Centro de Alumnos del Instituto Nacional (CAIN) iniciaron estas movilizaciones, al tomarse la estación del Metro Universidad de Chile, después de semanas de represión y tuvieron la solidaridad de sus compas de todos liceos de Santiago. ¡Solos. Hermosos!.

Sin resonancias mediáticas, sin más aspiración que la justicia de sus planteamientos por la educación pública. Resistieron la represión de meses y las miserias de años de la educación pública. De diversos gobiernos y administraciones de lado y lado. Ellos siguieron, cuando los acusaron de vándalos, ellos siguieron! Cuando los descalificaron, siguieron! Cuando los humillaron, siguieron!

No se amilanaron. Fueron la chispa que encendió la pradera de cansancio, indignación y rebeldía ciudadana. Después de ver cómo maltrataron a lo cabros y cabras escolares, se despertó un Chile hastiado de privilegios, corrupción y abusos. Se dijo ¡Nunca Más! sin la ciudadanía. ¡Bello!.

Quisieron apagar todo con una reunión de privilegiados sordos al clamor y el estallido social. ¡Cuánta ceguera! ¡Cuánta sordera! ¡Cuánta mala fe! Chile despertó, y quieren que vuelva a dormirse sometido: Quizás hacer lo de siempre, volver a la normalidad indignante, a la rutina oprobiosa, para olvidar promesas y compromisos en 3 meses cuando todo este calmo. Incautos.

Pero, la juventud ha despertado y echado a andar y no va a parar. Nadie sabe bien hasta cuándo ni hasta dónde. Recuerdan a John Reed y su libro “10 días que estremecieron al mundo”, para muchos la crónica periodística más influyente del Siglo XX. En Chile, llevamos 10 días y todo cruje como estantería vieja: el modelo neoliberal por todas sus articulaciones, el sistema político con sus privilegios, el modelo cultural consumista con todo su individualismo.

Miramos en la calle un movimiento social que avanza sin banderas, sin líderes, sin proclamas y, sobre todo, sin vocerías. Sin rostro. Juventud que se hace invisible para hacerse visible. No hay a quién corromper, no hay a quién seducir. No hay voceros que llevar a los matinales, ni para que los devore, Tomás Mosciatti. Todos superados, menos los jóvenes.

Ellos a pie firme. Firmes y dignos, abrieron las puertas de nuestro infierno, como anticipó Leónidas. Juventud heroica que no da la oportunidad de vivir este hoy: Ayer evasión, hoy movilización y mañana? Mañana cambios profundos, Asamblea Constituyente y un nuevo Chile. Chile ya cambió, rápido y profundo. En horabuena. Marichiwew cabr@s lind@s!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here